La inteligencia emocional no es sentir menos, sino entender mejor lo que sentimos. No es un rasgo con el que se nace o no: según el psicólogo Daniel Goleman, se apoya en cinco habilidades que se pueden entrenar a cualquier edad.

Y cuando un padre o una madre las practica primero en sí mismo, se convierte en el ejemplo más claro para que sus hijos también las aprendan.

Las 5 claves de la inteligencia emocional

1. Autoconciencia

Reconocer lo que sentimos en cada momento, sin juzgarlo: notar la frustración, la alegría o el enojo tal como aparecen, antes de que determinen nuestra reacción.

2. Autorregulación

Una vez identificada la emoción, manejarla para que no nos desborde. Respirar o hacer una pausa antes de responder son formas simples de practicarla.

3. Automotivación

Dirigir esas emociones hacia una meta en vez de hacia la dificultad. Toda emoción impulsa una acción, y canalizarla ayuda a sostener el esfuerzo aunque algo cueste.

4. Empatía

Ponerse en el lugar del otro y reconocer lo que necesita, muchas veces a partir de señales que no se dicen con palabras.

5. Habilidad social

Usar todo lo anterior para relacionarse: comunicarse con claridad, construir vínculos sanos y manejar los desacuerdos sin romper la relación.

"Las primeras tres claves se trabajan hacia adentro; las últimas dos, hacia los demás. Por eso suele decirse que la inteligencia emocional empieza en uno mismo."

Ilustración de una mujer con lentes, señalándose la sien con el dedo índice, en gesto de reconocer lo que siente
Antes de ayudar a un hijo a gestionar lo que siente, ayuda empezar por reconocer lo que uno mismo siente.

Cómo ayudar a tu hijo a desarrollar la suya

La inteligencia emocional en los niños se construye distinto según la edad, pero siempre con los mismos ingredientes: reconocer, nombrar y acompañar lo que sienten.

1
Reconocer las emociones

El primer paso es que aprenda a identificar lo que siente, poniéndole nombre a cada emoción conforme aparece.

2
Hablar de lo que siente

Desde los 6 años, ya no basta con reconocer la emoción: también conviene que pueda explicar con sus palabras por qué está enojado o contento.

3
Aprender a manejarla

Ante una rabieta, esperar a que baje la intensidad y luego pedirle que explique qué pasó —sin apurarlo, solo escuchando— ayuda más que exigirle que se calme de inmediato. Al ponerlo en palabras, él mismo nota qué conducta no estuvo bien.

4
Comunicación activa en casa

Preguntarle y escucharlo con calma, desde pequeño, crea un clima de confianza que le da seguridad para reconocer lo que siente.

5
Empatía

Entender lo que siente el otro y ponerse en su lugar también se entrena desde la infancia, y es clave para el resto de sus vínculos.

Ilustración de una madre sentada en un sillón, leyendo con sus dos hijos abrazados a ella, sonriendo
La comunicación cercana en casa es la base para que un niño aprenda a nombrar lo que siente.

La inteligencia emocional no se enseña con un discurso, se transmite con el ejemplo. Practicarla primero en uno mismo es, probablemente, la forma más directa de ayudar a un hijo a desarrollarla también.

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